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Como se construye identidad a través del fútbol

Por Germán Toro Tapia

Que Wanderers es Valparaíso, que Valparaíso es Wanderers y diversas frases cliché se escuchan a menudo entre las calles porteñas, pero son pocos los que se han atrevido a indagar el por qué, qué hay detrás de esas palabras, si es una idea vacía o tiene alguna lógica. Lo mismo ocurría en Iquique, allá en el Norte Grande, donde el mote “Tierra de Campeones” también era moneda corriente entre sus habitantes. Pero, ¿es tan así?

Fue esa pregunta la que embarcó al sociólogo Bernardo Guerrero Jiménez, titulado en la Universidad Católica del Norte y con posgrados sobre Antropología Cultural en la Universidad Libre de Ámsterdam, en adentrarse en la relación existente entre deporte y sociedad, encontrando en la identidad un apasionante tema de estudio, ignorada por la academia tradicional, pero valorada por quienes nacieron y se desarrollan en la globalización.

Así nacieron los textos “El Libro de los Campeones. Deporte e Identidad en Iquique” (1992) y lustros después “A favor del viento. Maestranza Foot-Ball Club. Historia de un Club Deportivo” (2005), “Yungay. Marca registrada del fútbol iquiqueño” (2009) y “Pero alguien trajo el fútbol: Deporte y Nación en el Norte Grande de Chile” (2016), siendo una pequeña parcela de cientos de trabajos del autor abarcando desde la fiesta religiosa de La Tirana hasta la matanza de obreros en la Escuela Santa María, pasando por otras innumerables expresiones de la cultura popular nortina.

– ¿Cómo surge esta relación que usted hace entre identidad y los clubes deportivos?
– Yo empiezo a preocuparme de la identidad como tema desde una mirada mucho más academicista en el buen y mal sentido de la palabra, pero luego se me ocurre aterrizarlo a un símbolo identitario muy potente de Iquique que es ‘Tierra de Campeones’, entonces empiezo a averiguar de dónde viene y cómo esa expresión se convierte en un dispositivo que produce mucha identidad cultural. Es así como en 1992 publico el “El Libro Los Campeones” y me meto y discuto el tema entre identidad y deporte, no solamente el fútbol sino también el béisbol, el básquetbol, el waterpolo, la caza submarina…todos ellos ayudan a que Iquique tenga una pesada carga simbólica de decirle al mundo ‘somos Tierra de Campeones’ …entonces empecé a almacenar información respecto a ese tipo de expresión, y ahí me asalta la tremenda interrogante y me permite hacer la relación cómo en el mundo popular los deportes producen identidad y a su vez los deportes son producidos por los fenómenos de la identidad y llegamos a ver cómo se juega el fútbol y se mueve el cuerpo en Iquique, cómo los discursos simbólicos se expresan, cómo, al ser el Norte Grande un territorio conquistado, están las huellas todavía de la peruanización, de la chilenización, cómo se juega con los nombres de los equipos, y empiezo a ver en el fútbol un gran campo donde se producen y se difuminan temas de identidad, sociabilidades populares y, por supuesto, los clubes deportivos, que tienen un imaginario, una producción de símbolos, una fundación mitológica extraordinariamente importante.

– ¿Es Iquique una Tierra de Campeones?
– Eso me lo preguntó muy inteligentemente un periodista a inicios de los 90 y yo le contesté que lo es, en tanto que la gente lo entienda así, pero me quedé con la bala pasada y me dediqué a ver las revistas ‘Estadio’, ‘Gol y Gol’, ‘Los Sports’ y realmente hay un sustrato extraordinario, o sea, yo digo siempre a modo de exageración de que la ‘Estadio’ no se puede entender sin un iquiqueño en portada o contraportada. Hoy día tú ves los 19 chilenos que juegan en México y hay dos iquiqueños, Edson Puch y Álvaro Ramos, y tienes un tercer lugar en el Mundial de Básquetbol en Buenos Aires y hay otros tres iquiqueños ahí, y tienes la historia del boxeo, con el ‘Tani’ Loayza y Arturo Godoy…es una cosa extraordinaria, incluso, el ‘Gran Capitán’ de Wanderers, Jorge Dubost, era iquiqueño. Y así vas encontrando gente…

– En sus textos prefiere hablar de memoria antes que de historia, ¿por qué?
– Porque la memoria permite construir un relato épico de lo que se tiene, aunque hay que agradecer a la prensa deportiva que todos los grandes partidos están registrados, con el nombre de los jugadores, es una tremenda fuente de información, sin embargo, los que protagonizaron un evento muchas veces no tienen idea ni siquiera cuándo convirtieron un gol, pero guardan la memoria, que tiene la gracia que va sumando elementos épicos, y nadie te cuenta dos veces el mismo partido, como nadie se baña dos veces en el mismo río, entonces hay una dialéctica muy interesante, yo prefiero la memoria, pero evitando que sea pura ficción, contrastando con elementos históricos que vayan respaldando que esto fue así o de otra manera.

– ¿Cómo evalúa usted el tratamiento de la memoria en la prensa nacional?
– La cantidad de programas deportivos que hay en Chile, todos modelo ‘Fox Sports’, no tienen memoria, no hay un Julio Martínez ni un Sergio Livingstone, por lo tanto, los periodistas jóvenes no tienen idea, no saben, les dices que hablemos de Jorge Robledo y nada. Entonces, cuando hablan de las hazañas de Alexis Sánchez en Inglaterra, bueno, ya tuvimos un goleador antes en ese país con Robledo, no tienen memoria, nadie la enseña tampoco, no sé si habrá en la carrera de periodismo un ramo de historia deportiva, yo creo que no, la gente no sabe qué fue primero, si Loayza o Godoy, por ejemplo, y en el fútbol lo mismo.

“LO QUE HACEMOS EN EL CLUB ES OFERTAR UN OCIO, ENTREGAR IDENTIDAD Y UN ESPACIO SEGURO”

– Usted se centra en clubes amateurs para dar cuenta de los temas identitarios, ¿a qué se debe?
– Hay una sobreexposición del fútbol profesional, además veo con mucho temor que los investigadores a veces no distinguen entre ser hincha y ser investigadores, que es una línea muy endeble, muy frágil, que todos la tenemos, pero también hay que ser capaz de reflexionar sobre ese tipo de prácticas, pero lo que hace posible que haya existido un club como Wanderers es que también existió La Cruz, los crucianos, que fui a visitarlo porque son parientes nuestros, del club de básquetbol acá en Iquique, pero ahí está, no digo la esencia, pero sí los primeros brotes de la práctica futbolera con identidad, entonces creo que para entender la sociedad civil, el barrio, hay que entenderlo a través de estos clubes populares, que existan ya es una épica.

– De todos modos, la preocupación respecto a estas instituciones está lejos del ideal
– Es un mundo inexplorado, por ejemplo nosotros hicimos en el portal www.tarapacaenelmundo.cl un mapa con los clubes en Iquique y todos concentrados en el sector norte y centro, una cantidad de clubes, un asociacionismo deportivo, eso habla de un capital social muy fuerte, muy potente, que el modelo neoliberal no ha logrado desarticular, lo mismo pasa con los bailes religiosos, entonces ahí hay un tremendo instrumental que además sirve, lo dice Eduardo Archetti, para subsidiar al Estado haciendo cosas que éste no hace, porque no puede hacer y no tienen ninguna capacidad de hacerlo. Lo que hacemos en el club es ofertar un ocio, entregar identidad y un espacio seguro. El Estado sigue sin entender este mundo y los investigadores por esta cosa del fútbol profesional siguen metidos ahí, tenemos una cantidad de literatura del fútbol profesional de todo tipo, buena o mala, pero no con el nivel de profundidad que a uno le gustaría tener.

– Quien esté interesado en adentrarse en estas temáticas, ¿por dónde debería empezar?
– Lo primero es leer a los clásicos latinoamericanos como Archetti, un argentino que fue el primero que se metió en este tema; luego Pablo Alabarces, un tipo además muy generoso; hay autores colombianos también; y en Chile, Eduardo Santa Cruz tiene hartos elementos para entender ese tipo de cosas. Y luego, el interesado debe tener un sentido agudo de la observación, de poder realizar etnografía y en el libro “Pero alguien trajo el fútbol” tengo un texto sobre consideraciones metodológicas para escribir la historia de un club deportivo. Cuando se me presentó la idea de escribir la historia del Maestranza, no hallaba cómo empezar y justo me tocó un viaje a Montevideo, me compré la historia de Peñarol y ese fue un modelo que tomé para entender esto, y los clubes al no tener fuentes propias como actas hay que hacer un trabajo de muy largo aliento con las copas, los recortes de diarios, en fin, eso permite ir armando algo, lo que no es fácil, hay que estar metido en la biblioteca leyendo prensa antigua, entonces, se requiere una metodología más blanda, trabajar fuentes documentales y requiere hacer observación de las sedes sociales, escanear fotografías, saber leerlas e interpretarlas, lo mismo con las copas y banderines, todo sirve.