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Una leyenda de Deportes Concepción

Recién el año 2015 se hizo algo de justicia histórica con el nombre de Haroldo Peña. Si bien el escudo lo recuerda, su vida estuvo relegada a las memorias más añejas y sólo recordada por pequeños apuntes, hasta que el León de Collao tuvo su merecido homenaje a través del libro de Manuel Muñoz.
¿Qué podríamos sumar aquí? No mucho, pero es un deber, a cuatro días del cincuentenario de nuestra institución, mencionar a don Haroldo.
Nacido el 24 de noviembre de 1942 en Los Andes, a los 7 años ya destacaba en el Trasandino de su ciudad. En 1958 sería ascendido al primer equipo y en 1963 consiguió una medalla de bronce en el Panamericano de Sao Paulo, con la selección de fútbol amateur. Con su club, subcampeón de Segunda División y premiado el mejor central del año en la categoría.
La meteórica carrera del central, en el día de hoy, quizá lo habría catapultado a los grandes, a Europa quizás. Pero Trasandino y él mismo rechazaron cualquier oferta posible y Peña fue puntal del equipo hasta el año 1966. Antofagasta y Concepción ofertaron por su pase, pero Haroldo se decantó por los lilas: la tenacidad del dirigente Fernando Díaz, destinado en Los Andes expresamente para ficharlo y el gran interés del técnico Isaac Carrasco lo convencieron.

1967 fue el año en que Haroldo Peña y Deportes Concepción brillaron con luces propias. El mejor central de la división (de nuevo)
fue el puntal de la defensa del campeón de Segunda. En el partido con la Universidad Técnica, el periodista Luis García lo bautizó para siempre con su apodo por ser un jugador “fiero, aguerrido y ganador, un verdadero león”. Más que merecido.
Sin embargo, el León de Collao sentiría el cambio de división, la competencia con el argentino Oscar Abellán para acompañar a Ramón González-Benítez en la zaga la terminó ganando el primero. Emigraría a Naval el 69′, donde le cambiaron el apodo a “Tiburón de El Morro”: nuevamente campeón en 1970, volvió a Primera División. Una fractura del brazo derecho y alguna forzada inactividad terminarían su carrera en 1972. Tenía recién 30 años.

Entre 1973 y 1986 trabajaría en Codelco Andina, volvería al Bio-Bío el 87′ siendo un emergente empresario gastronómico, en 1996 se radicó en Los Andes, para volver por última vez a Concepción y fallecer el 29 de junio de 2013, en el Hospital Regional.
En 1998 y dado el nulo apoyo económico brindado, a juicio de la dirigencia, por la Municipalidad, Deportes Concepción decidió cambiar el águila penquista por el león en su escudo. El león sólo podía recordar a Haroldo Peña.

Mención hecha al escudo, el libro de Manuel Muñoz y la cancha en Nonguén que lleva su nombre, el homenaje más grande que puede recibir don Haroldo se debe realizar cada fin de semana. Depende de los jugadores ganarse el derecho de ser continuadores de la tradición instaurada por Haroldo Peña hace casi cincuenta años. Porque no es cualquier cosa ser leones en Collao.

Ilich Rivas (Historia Lila en facebook)